En 2009, James Cameron presentó “Avatar”, la película que se convertiría en la número 1 en la taquilla mundial, con 2,1 mil millones de dólares y la cuál asombraría con el uso avanzado d...
Avatar: Fuego y Cenizas
TITULO ORIGINAL: Avatar: Fire and Ash
ACTORES PRINCIPALES: Sam Worthington, Zoe Saldana.
GENERO: Ciencia Ficción, Aventuras.
DIRECCION: James Cameron.
ORIGEN: Estados Unidos.
DISTRIBUIDORA: Buena Vista - Disney
ESTRENO: 18 de Diciembre de 2025
197 Minutos
Apta mayores de 13 años
Tercera entrega de la saga Avatar de James Cameron. De regreso en la luna Pandora, donde viven las criaturas azules pertenecientes a la tribu Na'vi. Han pasado muchos años desde la primera historia y en esta entrega seguirían las aventuras de los hijos de Jake Sully y Neytiri.
RESUMEN CRITICAS
Hugo Zapata B
Matías Lértora A
IMDB (Internacional) 7.6
Rotten Tomatoes (USA) 69 %
Clarín muy buena
La Nación muy buena
Página 12 5
CRÍTICA DE HUGO ZAPATA
Sin grandes novedades, James Cameron presenta una tercera entrega de Avatar que funciona como un epílogo extendido de la previa, El camino del agua.
La trama tiene la finalidad de cerrar la introducción del personaje de Spider (el clon del hijo de Tarzán), que sirve de excusa para dar otro paseo por los balnearios de Pandora.
Los fans incondicionales de la franquicia la van a amar y, para un sector del público general, tal vez represente una despedida al confirmar que el contenido superficial que propone el director no evolucionará en el futuro.
En Disney lo tienen claro y por eso desarrollaron una campaña de marketing silenciosa y moderada, acompañada del blindaje de críticas para atenuar opiniones negativas.
Más que un exponente del cine de ciencia ficción, Cameron aborda su creación como la atracción mecánica de un parque temático, donde la opulencia visual está por encima del arte narrativo y el desarrollo de personajes.
La realidad es que la película mantiene coherencia con esa visión y ofrece un entretenimiento que demanda su visionado en una sala de cine.
Muy especialmente en el formato 3D, que amplifica la experiencia inmersiva.
La mayor virtud de este film reside en la puesta en escena, donde Cameron eleva el hiperrealismo de los efectos digitales a un nivel sin precedentes.
Las escenas acuáticas son extraordinarias y acaparan la principal atracción del espectáculo.
Si bien las batallas interminables resultan amenas, en este campo no hay grandes novedades y se refritan situaciones de los episodios anteriores.
La escena más inspirada (mi favorita del film) aparece en un momento donde el director regresa a sus raíces del cine clase B, en modo Piraña 2, con unos bichos marinos depredadores que se roban el show.
Cabe destacar también la banda sonora de Simon Franglen, quien supo continuar con dignidad el legado de James Horner.
En lo referido al argumento, la película mantiene el nivel de superficialidad que presentó la saga hasta la fecha.
Los villanos infantiles de caricatura, que incluyen un desperdicio absoluto de artistas talentosos como Edie Falco y Giovanni Ribisi, no despiertan interés y el conflicto central termina atascado en situaciones redundantes y predecibles.
En esta oportunidad hubo un intento de explorar temáticas como el duelo y los problemas de salud mental, que al igual que los aspectos espirituales de la raza Na’vi, tienen un tratamiento banal y chapucero.
En este contexto se introduce una villana muy atractiva como Varang, que es por lejos lo mejor de esta película.
La Na’vi psicópata, interpretada por una excelente Oona Chaplin, aporta matices interesantes a un reparto de antagonistas insulsos.
Lamentablemente, como tantas otras cosas de Avatar, termina arruinada por una elección incomprensible que toman los guionistas.
Varang se desinfla por completo cuando la convierten en sidekick de otro personaje. A partir de ese momento pierde peso dramático, presencia en la trama y llega al clímax completamente desdibujada.
Una pena, porque tenía un enorme potencial.
Al margen de que la historia presenta numerosas situaciones redundantes y no te deja cebado por ver más continuaciones, mi principal objeción es la insufrible duración de 197 minutos.
No había necesidad de hacerla tan larga para un argumento simplón que se podría narrar en menos de dos horas, sobre todo al tratarse de un epílogo de El camino del agua.
Si bien no llega a ser aburrida, en esta oportunidad la duración se hace pesada y llegás al clímax extenuado, especialmente si no tenés una conexión emocional con la saga y sus personajes.
El problema es que el contenido del guión no está a la altura de la impronta épica que intenta imprimirle el director a su obra.
La nueva entrega de Avatar no es una mala película, pero tras el visionado en una sala de cine se olvida enseguida, como la atracción mecánica de un parque de diversiones.
CRÍTICA DE MATÍAS LÉRTORA
La crítica que escribí en diciembre de 2022 podría haberse titulado “El retorno del Rey”, de hecho, hago esa referencia.
En esta oportunidad, podríamos titular “La coronación”. Porque con Avatar: Ash and Fire, James Cameron no solo vuelve a Pandora sino que la domina por completo.
Luego de The Way of Water, quedó claro que Avatar era bastante más que un prodigio técnico o “Pocahontas en el espacio”.
Ash and Fire profundiza esa idea y la lleva a un terreno más oscuro, más áspero y también más emocional. La historia continúa sin saltos temporales, con la familia Sully enfrentando un mundo cada vez más fragmentado, donde los conflictos ya no son solo externos, sino también morales.
Visualmente, Cameron vuelve a redefinir el espectáculo. Si el agua era la gran protagonista de la entrega anterior, aquí el fuego, el metal y los entornos industriales marcan el pulso. Hay secuencias de acción descomunales (obvio), pero pese a quien le pese, al servicio del relato y no como fuegos artificiales.
Jake (Sam Worthington) y Neytiri (Zoe Saldaña) atraviesan tensiones aún más profundas tras la pérdida de su hijo y Quaritch Stephen Lang) tiene más matices
Hay nuevos clanes y nuevos personajes. Genial Varang (Oona Chaplin) y esto le permite a Cameron hablar de fanatismo, poder y manipulación.
Son casi tres horas y media que, otra vez, se pasan volando. No por vértigo constante, sino por la sensación de estar inmerso en un mundo vivo, complejo y en permanente expansión.
James Cameron lo hizo otra vez. Y esta vez no solo confirma a Avatar como una saga fundamental del cine contemporáneo, sino que demuestra que Pandora todavía tiene mucho para explorar.
Yo ya tengo muchas ganas de volver.
CRÍTICAS DEL PUBLICO
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